LA ESTIMULACIÓN

13 de Julio de 2017
LA ESTIMULACIÓN
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La estimulación es un tema que interesa mucho a padres y educadores, pero ¿por qué es tan importante estimular a los niños?, ¿es bueno estimular demasiado?

Comenzaremos delimitando qué es la estimulación. Consideramos estimulación el conjunto de medios, técnicas y actividades que se ponen en marcha para fomentar el desarrollo de diferentes capacidades motrices, cognitivas, sociales y comunicativas. Estimular correctamente es ofrecer al niño lo apropiado por su nivel de desarrollo para construir habilidades y capacidades superiores cada vez más complejas. Por esto es importante estimular precozmente al niño, porque hay habilidades que tienen un período óptimo para ser aprendidas y no hay que desaprovechar estos momentos. Los primeros años de vida es el momento en las etapas del ser humano en el que se produce un mayor desarrollo y maduración en el menor tiempo.

Pero no pensemos que estimular a un niño es tarea única de especialistas, que suele ocurrir cuando se presenta algún tipo de discapacidad física, psíquica y/o sensorial. Por el contrario, las situaciones más cotidianas suponen una estimulación para los niños: canciones, la hora del baño, las comidas, texturas, sonidos, olores, paseos… el ambiente por sí solo estimula y enriquece la vida del niño. Los padres deben proporcionar diferentes experiencias a su hijo, todas estas experiencias actuarán sobre el desarrollo integral. Los niños que están poco estimulados son aquellos a los que se les priva de experiencias, casi nos se les habla y se les trata con indiferencia. Estos niños desarrollarán las pautas de desarrollo con retraso en relación al grupo de edad.

¿Qué se utiliza para saber qué debe hacer el niño por su edad? Existen unas Escalas de Desarrollo que determinan cómo es la evolución de las diferentes capacidades. Estas escalan especifican el desarrollo en el área motora, cognitiva, del lenguaje y socio-afectiva por diferentes tramos de edad. Cada niño es diferente, las edades que aparecen son orientativas, por lo que un niño puede sujetar la cabeza muy pronto pero hablar más tarde, caminar precozmente o no gatear. Con esto quiero decir que las escalas son flexibles en este sentido.

Entonces, ¿cuándo consultar a un especialista? Cuando el tiempo se demore en exceso a la hora de estos logros evolutivos. Por ejemplo, que tenga los pies muy rígidos, puños cerrados y no coja objetos cuando se los acercamos entre los 3 y los 6 meses; o cuando después del año se desploma al ponerle de pie, no pronuncia las primeras palabras ni articula o no reacciona al pedirle objetos. Cuando esto ocurre y se confirma el retraso, se pone en marcha un programa de estimulación precoz adaptado a cada niño. Con estos programas, desarrollados por especialistas en colaboración con la familia, se va avanzando en el proceso evolutivo. Por eso es importante acudir a las revisiones periódicas con el pediatra, que siempre valora que el desarrollo del niño sea el adecuado para su edad y nos ofrece pautas para trabajar con ellos determinadas capacidades. Él mismo puede detectar cualquier problema que pueda surgir y para nosotros, por inexperiencia, pase desapercibido.

Pero no hay que obsesionarse con el tema, una adecuada estimulación será aquella que se ajuste a la edad y los intereses del niño, de forma tranquila, relajada y disfrutando de estos momentos de juego juntos. Igual de desaconsejable que la poca estimulación es que se produzca una sobre estimulación, creará cansancio y rechazo por parte del niño.

Importante, el momento idóneo para aprovechar las actividades de estimulación es cuando están satisfechas todas sus necesidades básicas, ya ha comido, ha echado los aires, ha dormido y está con la actividad suficiente para responder a los estímulos. En los bebés más pequeños, que duermen la mayor parte del tiempo, el momento más agradable es después de una toma de día, después de sacarle los gases, antes de que el sueño le venga de nuevo. Con unos minutos será suficiente. En los bebés más mayores, a lo largo de la mañana y la tarde, después del desayuno o después de la merienda. Los niños mayores quieren actividad todo el tiempo, compartir con ellos un ratito todos los días para disfrutar jugando, desconectando de nuestra actividad de adulto. Evitaremos la actividad antes de irse a la cama, no queremos excitar al niño antes de ir a dormir, aprovechamos después del baño para masajes y canciones, o después de la cena para leer un cuento.
Espero os sirva para aclarar conceptos, ¡a disfrutar con nuestros pequeños!

Fuente: Azucena Ponce

 

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